domingo, 18 de septiembre de 2016

Todos celebran el día de la Independencia de México

Siendo las 20:06 del día jueves 15 de septiembre, todos esperaban ansiosos en la parada del Complejo Universitario de la BUAP el autobús que los llevaría al lugar donde festejarían el grito de independencia.  La atmósfera era un tanto cálida, a pesar de lo nublado del día, porque vamos, ¿quién no se emociona en estas fechas?, hay mucha comida. Cuando finalmente llegó el autobús de la ruta 33, ocho de las diez personas que estábamos ahí subimos, extrañamente estaba vacío.

Mientras recorría de manera apresurada la vía Atlixcáyotl, sonaba cielito lindo, había banderitas de papel pegadas en las ventanas, parecía que todo y todos formaban parte de una patriótica conspiración. Una vez llegando al centro comercial Angelópolis, se bajaron dos personas y subieron seis más, dos de ellas tenían pintada una bandera en los cachetes, realmente se respiraba un aire mexicano.

Una vez que el bus se paró en las Torres y la 11 Sur, se hizo más presente la noche, el mercado Independencia ubicado allí, daba sus últimos servicios, la calle lentamente se vaciaba, luces y fuegos artificiales aparecían de vez en cuando. Ya todos se estaban reuniendo con amigos o familiares, ya era hora de dirigirse al lugar del encuentro mexicano.




En el camión algunas personas reían, era un grupo de amigos que bromeaban, era un ambiente ameno, calles más adelante se subió un payaso y comenzó un show cuya temática era desde luego, sobre la Independencia de México, muy original y tedioso a la vez, pero de alguna manera tenía que ganarse la vida.

A pesar de ser 15 de Septiembre y que el entorno fuera de festejo, fijé la mirada en un solo personaje, se encontraba sentada en el asiento de delante, justo detrás del conductor; era una señora de unos setenta y tantos que miraba a hacia la ventana con nostalgia. Siempre me he preguntado qué pasa por la mente de las personas mientras van en el transporte público; será porque yo reflexiono demasiado en ese particular lapso del día. Fue entonces que recordé a un viejo amigo, y literalmente, viejo, pero de alma joven, Don Ángel, un alfarero del Barrio de la Luz, quien perdió a su esposa precisamente un 16 de Septiembre. Vino a mi mente porque nunca sé qué es lo que pasa por su cabeza en estas fechas, no me lo imagino, ni quisiera.

Así fue como presté más atención a aquella señora, más de la que suelo prestar a alguien, al menos en el transporte. Tenía un rebozo negro y tenis, un atuendo nada usual para personas de esa edad, pero a decir verdad, me gustó, lucía diferente; aunque no podían faltar sus trenzas, sus blancas trenzas.
Durante todo el camino no apartó la mirada de la ventana, subía y baja gente, se fue el payaso, el grupo de amigos, llegaron otros más y ella no se movía, hubiera jurado que iríamos al mismo sitio. Una vez más me pregunté acerca de lo que pasaría por su mente: ¿tendría hijos?, ¿qué haría esa noche?, ¿por qué tanta tristeza en su mirar?, ¿estaba sola? Miles de preguntas me asaltaron mientras se continuaba percibiendo fiesta por todos lados.





Al llegar a las 14 Sur y la 107, ella reaccionó y como si hubiese despertado de un trance, con voz sumamente baja, le dijo al conductor: en la parada por favor. Bajó de tal manera que por un momento la atmósfera tan viva se apagó, o al menos para mí, dolía mirarla, desprendía melancolía con cada paso. Yo la veía desde el último asiento, cuando finalmente bajó, la seguí con la mirada desde la ventana, el bus no avanzaba, pude notar cómo desaparecía  junto con el sol, parecía de película. Entonces no supe más, ella y su misteriosa historia desaparecieron.

Permanecí todo el camino pensando en ella y en lo que haría esa noche, tanta tristeza no era normal en ese día y aunque alguien la tuviera, no la externaría de tal forma. Finalmente llegué a casa, no había nadie, no había comida, ni fiesta. Temí que la señora estuviese en las mismas condiciones que yo, tal vez por eso captó mi atención, quizá me sentía igual que ella, tal vez ella era un casi reflejo de mí y es por eso la vi.


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